Besos sutiles que se vuelven luchas entre nuestras bocas. Caricias interminables que buscan no olvidar nunca nuestros cuerpos. Miradas fulminantes que llenan nuestras almas de amor y nuestros cuerpos de deseo.
Y de repente uno está adentro del otro, y nos convertimos en uno solo, hasta el momento en que todo se detiene por segundos y nos sentimos temblar uno contra el otro.
No fue sexo, fue poesía desnuda.
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