miércoles, 22 de abril de 2015

Instantánea

Al final del infinito callejón, allí estaban, esos ojos, brillando incandescentes a la luz de la luna. Reflectores de un augurio estremescente. Amenazantes, imponentes. Y en la cueva de mis huesos podia oir mi corazón resonando entre paredes- Y no parecía ceder.

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